por Sergio Sepúlveda
Cuando Eduardo Frei se dispuso a realizar una campaña presidencial sabía que no podía ocupar las mismas armas del pasado. Su condición de político serio y de una familia política por excelencia si bien le iban a ayudar, no era suficiente. Es por ello, que se decidió a armar un plan donde, además de los típicos como Tironi y compañía, también incluyera a un sector etario un tanto lejano de su perfil: los jóvenes.
Ahi entra al escenario político Sebastián Bowen. Medio haraposo con pinta de hippie, de clase alta, desordenado y con supuesta conciencia social por haber participado como Director de “Un Techo para Chile”. Muchos pensaban que era una especie de antípoda de Frei y en cierto punto era verdad. Era lo que buscaban en su comando. Ese aire de frescura que diera la ilusión de que juntos jóvenes con Frei haremos un nuevo Chile.
Los primeros meses de campaña Bowen apareció con una actitud determinante y participativa en el proceso del comando de Frei. Con discursos sociales, anti-individualistas y citando su experiencia más que como sociólogo, como ser humano preocupado por los pobres y las casas que les construyó con Un Techo para Chile se fue armando como una pieza fundamental de Frei, sobre todo en el puerta a puerta.
Sin embargo, con el
pasar de los meses Bowen comenzó a desaparecer de manera cada vez sospechosa. Es que los viejos dueños de la pelota de juego no iban a aguantar que un “cabro chico” con aires soñadores y utópicos les quitara protagonismo. Desde su entrada se especuló que la integración de una figura como Bowen era una maniobra de los que tiran las cuerdas de este gran títere: Pablo Halpern y Eugenio Tironi.
Entonces el chascón ABC1 con aires “progresistas” fue perdiendo voz y hasta voto. Simbólica fue la discusión que tuvo con Halpern en el acto donde Frei citaba aplicar salvaguardas a la importación de lácteos. Allí fue donde Halpern (director de comunicaciones) daba instrucciones a todo el mundo, inclusive a Bowen, para que éste se limitara sólo a quedarse en una esquina tomando leche, cual niño que le dicen que los grandes están trabajando.
Bowen se alejó aún más del asunto e incluso ha dado declaraciones diciendo que no comparte la forma de hacer campaña con Halpern y cita en una entrevista a Revista Qué Pasa que “Muchas veces pretende controlar todo lo que se dice fuera y la ciudadanía percibe una campaña que está oculta, un candidato que está amarrado”.
Marco Enríquez-Ominami aprovechando cualquier desliz de Frei invita a Bowen a su comando, le deja las puertas abiertas para unirse. Es que más allá de la importancia de Bowen logísticamente (para eso está Tironi que ha hecho salir a la Concertación cuatro periodos seguidos) es el hecho de que el plan “maestro” de Frei se desmorona. En caso de Bowen se vaya, el lolito soñador, idealista y “social” de su comando lo deja a la deriva con un voto que claramente atrae más ME-O y que en una eventual segunda vuelta necesita convencer para salir nuevamente Presidente. Y ¿qué dice Frei del quiebre inminente? Que no le importan esas “peleítas entre su comando”. Sinceramente creo que deberia importarle un poquito más, no vaya a ser que el otro lolito que tiene pisándole los talones en las encuestas le vaya a dar una sorpresa el 13 de diciembre.

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