por Hugo Espinoza
La llegada de la derecha al poder modificará en una serie de niveles los equilibrios editoriales de los medios de comunicación nacionales. Para nadie es un misterio que en la radio se está generando una peligrosa concentración de la propiedad, que en la TV hay poco pluralismo y mucho morbo, y que la mayoría de periódicos están en manos de capitales ligados justamente a las corrientes más conservadoras.
Por ello, parece justo dudar de la capacidad que tenga el pensamiento crítico frente al neoliberalismo económico de instalarse en la agenda mediática nacional. En otras palabras, no sabemos por dónde se podrá visibilizar la oposición al gobierno. Y pensando aún más allá: cómo será posible ejercer una afrenta efectiva a la coacción del Estado.
La debilidad en este terreno podrá ser observada de manera empírica a partir del 11 de marzo: se acabarán los ríos de sangre con los que se abren los noticiarios de Chilevisión y nos sumiremos en las portadas y los titulares que anuncian nuevos tratados de libre comercio, índices macroeconómicos, nuevas inauguraciones, playas en Santiago, y muchas sandeces más.
En especial en la prensa escrita, donde el oligopolio COPESA-EDWARDS controla casi la totalidad de las publicaciones, aún con mayor intensidad en lo que se refiere a los diarios regionales. ¿Dónde podremos leer las voces disidentes del Ejecutivo?
En este sentido, cobraba vital importancia la posición estratégica del diario La Nación, de la cual el Estado es propietario de un porcentaje. A través del Diario Oficial, se lograba financiar un periódico que –a pesar de su poca capacidad de competir con La Tercera y El Mercurio, y la fuerte presión de la Concertación en la línea editorial- ofrecía una plataforma donde al menos se podían apreciar distintas visiones de las entregadas por las corrientes conservadoras.
No en vano, Sebastián Piñera siendo candidato habló incluso de la posibilidad de cerrar La Nación. Pero seguramente lo dijo en broma, porque la estrategia más inteligente no es justamente la de clausurar el medio, sino “darlo vuelta”. Frente a la polémica que generaría el cierre del diario, se optará (se habla de ello en el medio) por despedir a los editores. Básicamente, quienes estaban apuntados con un dedo tendrían que hacer sus maletas. Además, si se le restan los subsidios que recibe gracias al Diario Oficial, es posible que no pueda seguir financiando sus operaciones. La Nación que hoy conocemos, incluyendo su edición dominical, nunca volverá a ser la misma.
¿Cómo llegamos a esta situación? Gran culpa es justamente de la Concertación, por no desarrollar una clara política comunicacional relacionada con los medios, y que dejara morir importantes publicaciones como Análisis, APSI, Fortín Mapocho, La Época, Siete más siete y tantas otras que han salido en el tiempo, que ayudaron enormemente para ganar el plebiscito a los militares en el ’88, y que después en democracia se fueron perdiendo por causas económicas.
Paradójico resulta el caso del avisaje estatal, ya que la Concertación financió cada año a este duopolio COPESA-EDWARDS (propietario de El Mercurio, La Segunda, La Tercera, Las últimas Noticias, La Cuarta, Paula y varios radios y medios regionales) con 5 millones de dólares en anuncios de utilidad pública, en detrimento de los medios independientes.
En definitiva, será muy complicado para la oposición poder enfrentarse a una derecha con una gran concentración del poder comunicacional. Lo que suceda en La Nación será solamente la punta de un iceberg, de una derrota próxima que se deberá enfrentar con coraje y muy pocos recursos: fuerza para los medios independientes.

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Minimo, esto es preocupante, y peligroso, entre los periodistas tambien está faltando debate y nuevas opciones.
En internet se viene la revolución… si el papel no fuera tan caro… demonios..
Es preocupante el tema del diario La Nación, pero pienso que toda esta mala onda que les agarró Piraña en culpa de una mala decisión editorial. No quiero decir que el diario no tenga que tener su línea ni nada, pero el apoyo que hicieron de Frei bien pudo ser menos “apasionado” por decirlo de alguna forma. Se convirtieron en un pasquín de trinchera más. No perdieron “objetividad”, pero si el profesionalismo es algo que queda en tela de juicio.
Claramente el periodismo independiente va a cobrar más importancia. En algun lado tienen que estar aquellos editores despedidos… y claramente la Concertación se va a preocupar de por lo menos financiar un pasquín que salga de lunes a viernes, aquello es imperante para una oposición decente… hay que ser más ácido y buscar información en otras fuentes, para ver – lo que será en un futuro – desde el otro lado y contrastar la información que esté sacando este gran conglomerado de medios unidos.
las weas que la derecha va a soltar sus posesiones, si para eso quieren gobernar, para apernarnos mas a su conveniencia, pero tranquilos, solos se iran pisando la cola
Creo que hablar o de una perdida de “profesionalismo” por la posición que tomó La Nación durante el período -incluso previo- de propaganda electoral, no es preciso. Los periódicos de este país hace mucho ya que estaban implicitamente abanderados con una sólida posición política, tal vez no a través de sus portadas, pero sí mediante la definición de sus pautas, los temas y no temas, etc. el punto es entonces la diferencia entre el apoyo explícito y el apoyo implícito. Voto por el periodismo más sincero, aperrado y comprometido.
Si defender una postura política desde el periodismo, realizando un trabajo serio y riguroso, exponiendo de forma directa la visión periodística que se compromete o no con los temas que trata, es imposible. Qué tipo de periodismo nos va quedando?
No, no, si es obvio que cada medio tiene su posición clara. Esa cosa de la “objetividad” es una huevada. No se si se entendió mi planteamiento, pero lo que quiero decir con lo del respaldo “apasionado” es la diferencia entre chupar medias (El Mercurio, La Tercera) y pegarle un mamón al Narigón a página entera (La Nación). No creo que lo del compromiso de un medio deba ser demostrado en el discurso, sino en la calidad de su trabajo.
[...] y pide sincerar estos aspectos, en vez de criticar su paso por La Nación, que hoy en día está en medio de un debate sobre su eventual cierre, debido a presiones de la Unión Demócrata Independiente. Luego de un acalorado debate con quien [...]