Prensa maldita: charlamos con ex director de La Nación

por H. Espinoza y S. Sepúlveda

Marcelo Castillo es una de las miles de personas que cambiaron radicalmente su vida después del 11 de marzo de este año. Cuando la derecha volvía a La Moneda después de 20 años (y hace 52 de forma democrática), el periodista tuvo que abandonar el diario que estuvo a su cargo durante el ultimo período, donde gastó todos sus esfuerzos para evitar una derrota que parecía inminente.

“Si tú me dices que fuimos un pasquín de la candidatura de Frei, te lo acepto, pero entonces puedo decir que El Mercurio es también un pasquín que ha defendido al gran empresariado y la explotación del hombre por el hombre hace más de un siglo”, reclama Castillo ante la interpelación de uno de los asistentes, antes de volver a nuestra mesa para conversarnos unas cervezas.

El actual miembro de Crónica Digital y columnista de El Quinto Poder tiene absolutamente claro que los medios de comunicación no pueden ser totalmente objetivos, y pide sincerar estos aspectos, en vez de criticar su paso por La Nación, que hoy en día está en medio de un debate sobre su eventual cierre, debido a presiones de la Unión Demócrata Independiente. Luego de un acalorado debate con quien fuera su sucesor durante 6 horas, quisimos ahondar en este tema y otros que afectan al periodismo nacional.

Carlos Peña en una columna, dijo que estaba a favor que La Nación no se cerrara, pero que se sacara al mercado, sin financiamiento del Estado…

Yo le preguntaría a Carlos Peña, porque no se hizo lo mismo con El Mercurio y La Tercera cuando estuvieron a punto de la quiebra en 1989 y el Banco Estado tuvo que salvarlas de la banca rota. Es muy difícil mantener un medio de comunicación con las meras reglas del mercado.

La libre expresión es un bien público, el Estado en representación de la sociedad tiene que cautelar, especialmente si se toma en cuenta el mercado de los medios está altamente concentrado desde el punto de vista de la propiedad, en empresas que tienen la misma visión ideológica. Por lo tanto, creo que la diversidad y el pluralismo no existirían, y existen precariamente hoy, si el Estado no asume un activo rol desde el punto de la su participación mediática como el de la regulación.

Se ha criticado que el diario se alejó de las audiencias…

Otra cuestión distinta y necesaria, es que los medios de comunicación deben tener ciertos criterios de eficiencia. Para que un medio sea así, debe tener una audiencia que se garantice en el tiempo. Los medios no se pueden hacer por lo que yo quiero decir, sino también en función a una audiencia dispuesta a interactuar conmigo. Entonces lo que dice Peña puede tener cierto sentido.

Cuando yo fui director de La Nación, se realizaron serios esfuerzos, para que el diario funcionara con un criterio de orientación hacia las audiencias. Pero para ello significa invertir. El problema es que nunca durante todos los años de gobierno de la Concertación hubo disposición de invertir en La Nación como medio de comunicación, una disposición contundente.

¿Tuvo responsabilidad la Concertación por “dejar morir” medios de trinchera como las revistas Análisis, Fortín Mapocho, APSI?

De hecho, durante los años de la Concertación, no sé si se sepa mucho, La Nación estuvo a punto de ser vendido al grupo Prisa, esto es un secreto a voces. Lo que da una señal, que los criterios mediáticos de la Concertación no fueron tan distintos que los que está aplicando Piñera, no digo que sean iguales, pero tampoco fueron tan distintos.

En el caso de la Concertación hubo un vacío que nunca se ha resuelto con La Nación. Un ejemplo concreto, La Nación imprime 15 mil ejemplares, el diario que lo sigue, La Segunda, debe estar imprimiendo unos 35 a 40 mil ejemplares, más del doble. Entonces, La Nación tiene un problema en sus bases en la competencia. No hay ejemplares suficientes para que La Nación esté colgada en todos los quioscos en Chile, entonces ¿De qué criterios de mercado me hablan? Para eso hay que invertir en La Nación, hay que tener una política comunicacional clara. Y la Concertación nunca la tuvo. Y Tironi, con todo el respeto intelectual que me merece, fue el que definió la política comunicacional de la Concertación, que era no tener una política comunicacional.

¿Por qué el Estado se debería involucrar en la producción de contenidos simbólicos, no atentará contra la visión de que los medios deben actuar en oposición a la coacción del Estado?

Acá hay un problema ideológico fundamental, dependiendo de cuáles sean nuestras percepciones del Estado. Muchas ópticas satanizan al Estado como un ente represivo, que no tendría otro sentido que mantener la cohesión social por medio de la fuerza. Desde la perspectiva liberal, se reclama la jibarización del Estado limitándola a este papel represivo, y dejando todo el resto de criterios de acción social al mercado. Yo creo que cuando existe un sistema democrático, el Estado no es más que la representación de la mayoría. Entonces, que existan medios del Estado, significa garantizar que la mayoría tiene una voz. Y que ejemplo más claro que Chile.

Quizás en un sistema donde hay mucha diversidad de medios no sería necesario un medio del Estado, pero en el caso chileno, hay dos grandes consorcios que controlan el 95% de la circulación de medios escritos en Chile. Entonces la voz de la mayoría es muy probable que no esté representada, por ende es imprescindible que el Estado garantice el pluralismo, teniendo medios, a través de los cuales la ciudadanía pueda expresarse.

¿Cuál es la credibilidad de un medio del Estado, por el poder que tienen justamente las esferas políticas para decidir su editorial?

Es un problema de la democracia. Por ello hay que explorar diversos caminos. Hay que examinar las experiencias de medios estatales, hay algunas que son exitosas. Encuentro que TVN, con todos sus defectos, es una buena experiencia. La Nación con sus 80 años, ha formado parte importante también. No es bueno satanizar al Estado, porque en la medida que haya democracia, es la representación de la voluntad colectiva, y ahí uno puede decir que hay fuerzas ideológicas, pero también eso depende de cómo actúe el Estado. Como por ejemplo, que la mayoría no aplaste a la minoría, que está también tenga voz. En los dueños de La Nación hay representación de la Alianza, que luego se retiraron por su propia voluntad. Yo por ejemplo impulse la creación de un consejo editorial ampliado donde la CUT, la FECH y organizaciones sociales tuvieran su espacio ahí en el diario, para que fueran columnistas. Yo personalmente les ofrecí este espacio.

Entonces la noche se estaba alargando y venía el momento de presentar el libro de Mery, por lo que debimos concluir la entrevista. “Alguien me había dicho que me hiciera un blog, pero yo creo en los proyectos colectivos más que individuales”, nos dice Marcelo Castillo sobre su futuro, aunque no esté muy convencido de la potencialidad de la tecnología para combatir la falta de pluralismo en los medios: “Se ha pensado que la irrupción de Internet podría romper la concentración mediática, pero la verdad es que si uno ve la cantidad de visitas de los medios informativos, Internet tiende a reflejar lo que pasa con los medios escritos y las audiencias que los siguen”.

Fotos:
Crónica Digital
Chascones

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2 comentarios en “Prensa maldita: charlamos con ex director de La Nación”

  1. Migue dice:

    PROFE: por favor no se tome más fotos en pelota.

    Gracias

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