Le Mat 5: Rueda de la Fortuna

Continúa de Le Mat 1, Le Mat 2, Le Mat 3 y Le Mat 4por Dr. Macacus

Cuando cosas desfavorables suceden, uno tiende a pensar que la mala suerte persigue, como si existiera un hechizo maligno y perverso que acecha tu destino. Me he portado mal, lo asumo, pero ello no significa que haya querido herir a los demás, mucho menos a ella.

Ahora estaba frente a su casa, en el momento decisivo. Gastón me había dado la dirección de Ángela, y después de 15 meses, 13 horas y varios minutos sin verla, sentía como que algo no encajaba, como si ese instante fuera simplemente vulgar. Mis sospechas se revelaron certeras cuando me atendió un desconocido, como de nuestra edad, que venía recién despertando y que me atendió desde la puerta.

- Fuimos compañeros de curso con Ángela, ella quería mudarse hace unos meses y me pasó el dato de este lugar. Pero mira: a la noche habrá una reunión de ex alumnos del colegio, yo pienso que por ahí podrías preguntar…

La fiesta se realizaría en una especie de campiña a las afueras de la ciudad. “Debes llevar licor y si puedes una guitarra”, me había dicho Miguel “Corcho” Domínguez, su perezoso ex compañero que también asistiría al magno evento y que se ofreció a guiarme.

Fui a buscar mi guitarra acústica –un bello regalo que me hizo Ángela en nuestro segundo aniversario- y a comprar mucha cerveza, la cual metí en una mochila. Pasé a buscar a “Corcho” y nos fuimos a la fiesta, que al momento de nuestra llegada estaba ardiendo.

Un brasero central y alrededor una serie de veinteañeros maduros, profesionales recién trabajando, hablando de cómo se estaban desenvolviendo en el complejo mundo laboral. Me estaba aburriendo seriamente. “Ángela está fuera de la ciudad, pero viene seguido, te puedo dar mi número”, me dijo un tipo, algo coqueto, en lo que sería mi única pista concreta durante la velada.

- No sabía que “Corcho” tenía un amigo tan lindo, y artista además, tócate unos temitas…

- La verdad, estoy medio entonado para achuntarle a los acordes.

En ese momento se nos acerca misteriosamente una delgada muchacha. Pelo liso y claro, pero no muy largo, con una sonrisa exquisita y unos ojos grandes y perturbadores. Parecía una actriz, o alguien de la TV.

- Nada de eso, soy una mujer de negocios, de relaciones corporativas, ¿fome ah? Pero no tanto como un guitarrista que no toca nada.

- Es que en realidad – dije seriamente borracho – no quiero alardear de mi talento en público.

- ¿Y qué tal una sesión privada?

A veces, una o dos palabras pueden cambiar repentinamente el curso de los hechos. Pocos minutos habrán pasado desde que me encontraba en esa extraña fiesta, buscando bizarras pistas, hasta que estaba en el auto de esta hermosa mujer, a quien había conocido recién. “Te has ido conmigo a pesar de no saber mi nombre, así que por ahora no te lo diré. Además, tampoco te he preguntado el tuyo”, me decía. Linda, alocada, con un acento bien cuico: definitivamente un lujito para este día de mierda en que no he conseguido nada.

Ya de vuelta en plena ciudad, detuvo el vehículo al principio de la subida a un cerro. La abracé fuerte y me besó algo esquiva. “Vamos a mi casa”, me susurró. Nos bajamos del vehículo y nos acercamos a una de esas típicas casonas de dos pisos: ella vivía en el segundo. Subimos la escalera y llegamos a la sala de estar de su inmueble, que me parecía algo oscuro y poco pulcro para una chica tan regia como ella. “Espérame que vuelvo enseguida”, me dijo con su voz insinuante.

Estaba a punto de prender un cigarro cuando desde el pasillo aparece un corpulento tipo, mirándome fijo. Me sobresalté bastante, porque pensé que estábamos solos, pero en ese instante no atiné a nada más que encender el pucho.

- ¡¿Quién mierda soi weón?! ¡Cómo se te ocurre fumar en mi casa! ¡Qué te creí conchetumadre!

La adrenalina te levanta los primeros cabellos ceca de la frente, te afina la vista y te deja funcionando solamente con tus reflejos más instintivos. El tipo me estaba sosteniendo ambos brazos y yo no reaccionaba, siquiera a pegarle porque pensaba que si el asunto se tornaba violento, sería yo el único perjudicado.

Apenas sentí que me soltó me fui rápidamente a las escaleras para escapar del lugar, pero en la bajada me acordé que tenía todas mis cosas (la mochila con varias cervezas restantes y mis documentos, además de la guitarra) en el auto de la muchacha dueña de casa. Así que contra mi susto volví al segundo piso.

- ¡Qué te dije hijo de perra, te voy a partir la cara mierda!

- Escucha, tengo mis cosas en su auto – traté de decir, al momento que la muchacha aparece desde el pasillo, tranquila como si nada estuviese pasando.

- Te vas de mi casa inmediatamente, roto de mierda.

Las palabras de esta mujer y la amenaza, ahora con un bate, del gigante tipo, me hicieron retroceder. Cuando salía de la casa sentí ganas de llorar, por imbécil, por ser tan tarado, por pensar que una chica así se dejaría seducir por un tipo como yo. Mierda. La fría brisa de la madrugada golpeaba mi rostro: sin un puto peso perdido en un barrio extraño de la ciudad.

Entonces vi el auto, con mi guitarra adentro. Todavía bajo los efectos del tremendo susto, motivado por la Luna y por mi perra suerte, cogí un pedazo de pavimento y lo estrelle contra la ventana de la puerta del piloto. Para mi sorpresa, ninguna alarma sonó, pero el apuro que en cualquier momento bajara la perra con su gorila me urgió a quebrar rápidamente el vidrio, subir el seguro, abrir el auto y sacar mis cosas. Estaba tan nervioso que corrí cerro arriba con mis cosas. Pero nada pasó, nadie se encontró conmigo excepto un colectivero que me cobró 4 lucas y dos cervezas en lata para dejarme en la casa.

Al llegar a mi guarida, me encontré con una carta que habían tirado bajo la puerta. En su interior, un cheque por 5 millones de pesos, y una carta de Tito. “Es lo que te debo, nunca sabes cómo puede cambiar tu suerte cuando ves más allá del horizonte”. No había remitente ni otro dato cómo ubicar a mi ex empleador.

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Un comentario en “Le Mat 5: Rueda de la Fortuna”

  1. cisco dice:

    esta filete la historia pero no suben nunca los demas capitulos

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