El engaño
@lucas_amorEngañar siempre termina siendo un fraude y una situación absolutamente complicada. Sobre todo si ambos personajes de la historia engañan a sus parejas. 
por Lucas Amor
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Es por eso que L siempre intentó mantener la mayor cautela. Tener su mail siempre cerrado, el msn con clave de 152 números y su teléfono siempre limpio.
Por su parte, C aceptó el trato sucio y siguió los pasos de L. Sin embargo, todo se fue a la mierda. Esto es como un asesinato, no debes dejar pistas y debes aparentar siempre tranquilidad cuando te hacen preguntas, aunque la ampolleta sea de 200 watts y la cara te brille al más mínimo movimiento de tus cejas mentirosas.
Pero retrocedamos. Siempre te puedes enamorar de dos personas, a menos que sea tu primer amor. De ese es imposible, por lo menos un par de meses. Los hombres somos seres que nos movemos por los genitales, pero somos más honestos. Las mujeres piensan mejor, si engañan es muy posible que el tipo les guste mucho. También se enamoran más rápido, son más fieles en general. Pero C tenía todo calculado.
Nos habíamos conocido tres años atrás y en ocasiones siempre caíamos en lo mismo. En vernos, emborracharnos, follar y pasar días de ensueño, para después volver a la rutina, ella con su novio, yo con la persona que estuviera o simplemente a estar solo. Pero esta vez las cosas variarían un poco.
C me invitó a su casa. Llevé vino. Me dijo que su novio no llegaría esa noche. Comenzamos a besarnos, a acariciarnos, le saqué los calzones y nos pusimos a follar con ropa, con esa emoción callejera de ni siquiera alcanzar a sacarse bien el pantalón para meterlo, para que entrara dentro de ella, y mientras ella luchaba por sacarme la polera, mi lengua bordeaba sus pezones, la curva exacta dónde sus pechos terminabas y se unían con su pecho. Nos fuimos a los dos minutos que estábamos unidos, ambos gritamos. Nos quedamos quietos cuando la puerta de entrada se abrió.
Era su novio M. empezó a gritar, mientra rápidamente me empecé a vestir y sentía que estaba entero húmedo. Entre explicaciones inútiles, me golpeó una vez en el rostro y desapareció. Siempre he dicho que cuando tengo la culpa de algo, un combo lo aguanto sin devolverlo. Al segundo entro a defenderme. C se quedó tranquila, prendió un cigarro y me pasó hielo. “¿Te alcanzaste a ir cierto?” preguntó. Le contesté que si, pero que evidentemente no nos habíamos protegido. “Tranquilo, no pasa nada, me gusta más así”.
Noté algo extraño. Ella no salió tras M, de hecho después me lo chupó mientras mi ojo se ponía morado poco a poco. Luego de irme en su boca le pregunté que pasaba. “El muy maraco me cagó con una amiga, necesitaba vengarme”. Realmente no supe que decirle, mientras me vestí. “Tú me gustas, si me hubieses dicho podría haber armado un show épico, pero podrías haberme dicho”. Se quedó en silencio.
Luego de abrazos, dijo que no lo dejaría. Que lo quería demasiado y que entre nosotros la magia desaparecería luego de los meses y no quería eso para nosotros. Maldita patraña, me dije. Me tomé el trago que quedaba y me dispuse a marcharme. Ella me miro y se acercó a mi. “Lo siento” y me acercó otro trago. Lo bebí y nos fuimos al sillón nuevamente. No logré irme, pero observé mientras su cuerpo y su cintura con furia me follaba, como besos que sabían a rabia y despedida, con unas caderas furiosas, queriendo alejarse del abismo del engaño mutuo y la mentira. Nos separamos. Me vestí nuevamente y nos dimos un beso de aquellos iracundos, donde los dientes chocan.
Salí del edificio y me compré una botella de whisky. Era un ritual relacionado con la pérdida. Cuando llegué a casa, mi novia había ido a visitarme. Me sentí la basura máxima del mundo. Al final éramos todos perdedores, nos engañábamos con nuestras propias mentiras, nos inventábamos una historia interesante para sentirnos vivos, que nuestra sangre corriera más rápido, pero al final nos ahogábamos en un charco de indiferencia, buscando la felicidad en el paraíso roto de nuestros engaños.
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