Chile: El país de los pillos

Somos todos pollos

Somos todos pollos

Por Corresponsal de Guerra

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Entre las familias asiáticas que residen en el exterior, es común prestarse dinero para apoyar el emprendimiento de sus compatriotas. Entre los chilenos, en cambio, siempre hay problemas. Siempre nos terminamos cagando uno a los otros. Pregúntele a cualquiera: todos hemos tenido un drama con uno de los nuestros.

Nos encanta hacer trampa. Nos sentimos más pillos, vivos, tomando atajos que no son correctos, pasándonos por la raja al resto, sacando una luquita de la vaca, botando el papel con mocos en la calle, colándonos por la puerta de atrás de la micro, tratando de saltarnos la cola cuando conocemos al cajero, siempre apostando a que “nadie nos pille” o diga algo. Pero estos ejemplos son en el plano cotidiano, en el submundo que transita de a pie por la capital.

Veamos los ejemplos recientes: farmacias que se coluden entre sí para cagarse a la competencia y a todos sus consumidores. Flor de negocio, porque aunque los han sancionado, los afectados tienen que acudir con boleta para pedir la devolución del dinero. ¿Quién guarda la boleta de un remedio que compró hace meses? Y luego viene el golpe final: llegan a un acuerdo con fiscalía para pagar 250 millones de pesos (suma insignificante para toda la plata que hicieron) y los confinan a asistir a una clase de “Ética empresarial”… casi un gesto de burla hacia la población. El argumento: de haber seguido el juicio, no podrían haber conseguido mucho por la levedad de la ley en esta materia.

El director de SII haciendo un “perdonazo” a una familia muy acomodada del país, para sanear la situación financiera de su multitienda (Johnson’s) para que su amigo y socio de negocios Horst Paulmann pueda comprarla. En cualquier lado del mundo esto habría sido un escándalo mayúsculo y el mandamás del Servicio de Impuestos Internos, Julio Pereira, hubiera tenido que irse para la casa luego de descubrirse que tenía contratos y negocios con Cencosud, principal beneficiado del “salvataje” (recordando el caso de El Mercurio) de la multitienda Johnson’s. ¿Nos hacen perdonazos tributarios al resto de chilenos?

Los proyectos energéticos y mineros tratan de meterse a la fuerza. Contratan a operadores políticos de la talla de Daniel Fernández en Hidroaysén; otros como Barrick Gold en Pascua Lama tienen que “autodenunciarse” cuando ya han dejado la cagada.

Algunos llevan años haciéndose los weones con el tema del lucro de las universidades privadas. Han habido extensas investigaciones, libros, Sergio Bitar tuvo en sus manos un informe el año 2004 sobre la situación y sin embargo presionó a las federaciones estudiantiles para firmar el Sistema de Financiamiento de la Educación Superior (sólo la UPLA se abstuvo de ese acuerdo). Años después, Michelle Bachelet levantó los brazos, así como hip hip hurra. Pero ahora todos se hacen los giles, dicen que no contaban con apoyo transversal, que no existían las condiciones políticas.

Somos el país de las excusas, cuando nos pillan culpamos siempre al perro que se comió la tarea, a la abuelita que cayó al hospital, a las mismas historias estúpidas porque nos falta imaginación. El “negro” Piñera habría sufrido un cuasi-infarto después de chocar su Hummer contra un Mini, por eso se lo llevaron a la clínica. Quizás qué historia tiene Mañalich para decir por qué le tomaron el alcotest varias horas después. El mismo presidente se andaba escondiendo en casas ajenas para que no lo apresaran después del escándalo con el Banco de Talca.

Entre las últimas sinvergüenzuras, está Laurence Golborne, el hijo ilustre de Maipú, el ícono de la clase aspiracional, ésa que le puso nombres raros a sus hijos para que se distinguieran del resto de la chusma, que se deja el choco-panda de pura apariencia, porque en realidad detesta ser del “mundo popular”, dentro de sí soñaría por ser Allamand, quien además no tiene reparos en defenderse de toda acusación seria (¿o no es serio cagarse a miles de chilenos?) con una excusa barata, tipo “es que me lo dijeron mis jefes”.

Golborne y compañía se cagaron a 600 mil personas, 70 millones de dólares tendrán que devolver, y tendrán que hacerlo porque lo dice la Corte Suprema, porque hasta allá llegaron, porque estuvieron a punto de salirse con la suya, de ser los más pillos de los pillos, como Horst Paulmann, mandamás de Cencosud, quien también está involucrado en otros escándalos, cuando su socio de negocios y director de Servicio de Impuestos Internos, Julio Pereira, dejó pasar una millonaria condonación, “perdonazo” de impuestos, a la multitienda Johnson’s, lo que posibilitó que el empresario pudiera comprar la compañía “saneada”, y también cuando Cencosud fue acusado de ingresar mercadería con rotulación de “ayuda humanitaria” para no pagar impuestos.

Y ahora otro capítulo más de esta red de mentiras: el Instituto Nacional de Estadísticas tiene la mansa zorra con el CENSO 2012. Dicen que trataron de “hacer calzar” los datos, que existió una obsesión de su director, Francisco Labbé. Dicen que hasta el IPC está malo. Parecido al cuento de cuánto ha bajado la pobreza, de las herramientas metodológicas al servicio de los objetivos políticos. Director del INE, Francisco Labbé, renunció a su cargo tras escándalo por manipulación de datos del CENSO 2012.

La trampita, ésa que tanto nos gusta. Si realmente somos pillos, en las próximas elecciones los Botamos a todos.

 



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  • http://twitter.com/cesarobles cesar robles

    Por eso desde hace tiempo no me siento orgulloso de ser Chileno

  • Jose Catalán Moya

    No creo que el tema pase por sentirse o no orgulloso de ser chileno…es un tema de educación…se les enseña a los niños desde chico a burlarse, mofarse, a saltarse la fila…y es gracioso, o lo hacemos ver gracioso. Entonces nos acostumbramos en una cultura de pasar a llevar, o “avivarse”…

    • colcano

      De acuerdo— cuestion valorica en la sociedad. Hay que hacer los cambios alli– an los niños y en lña educacion que se les imparte. En Norteamerica no saben mucho de algebra y calculo y geografia, pero saben que es el respeto, que esperar de las instituciones del estado, y se les enseña para que al cumplir su mayoria d edad (18), puedan defenderse en el mundo como adultos.

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