"Crecer con igualdad"  
 

Grandes gobernantes vol. 2

@drugoespinoza

Por Corresponsal de Guerra

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En algunas ocasiones, la ilustrada y noble clase gobernante desea que el vulgo pueda al menos cumplir ciertos estándares de comportamiento cívico y moral. Sería bueno para el mundo que los plebeyos sean ordenados y correctos en su actuar, y así quizás estemos en la víspera de construir un mundo nuevo y mejor para todos.

Múltiples han sido los intentos de poder ordenar el caos, de ofrecer amablemente a los vagos que se duchen y que se limpien las manos antes de comer, de educar a los niños palomillas en las poblaciones que no escupan las veredas ni utilicen léxico inapropiado, que las niñas puedan contener sus impulsos reproductivos hasta su primera noche nupcial, que sigamos las buenas reglas que la Biblia y Carreño nos han indicado. Porque es por nuestro bien, por el bien de todos.

Sin embargo, la chusma parece no entender, entonces es necesario instruirla mediante palos, como uno podría hacer frente a un inocente pero porfiado cachorro. Moralismo con fuerza de ley. Les colocaremos un cartel que todos deben respetar, por las buenas o las malas, y poco a poco se irán acostumbrando hasta que (ojalá, ojalá) se les quite el mal hábito y ya no sea necesario andar reprendiéndolos.

Ley seca en EEUU

Un bien conocido caso al respecto, es la ley seca estadounidense. El tiempo de la “prohibición” se inició en 1918, con una ley temporal que prohibía producción de bebidas embriagantes, con el propósito de salvar granos para los esfuerzos de la Gran Guerra. Sin embargo, por la presión de grupos religiosos puritanos, se aprobó la Enmienda 18 a la Constitución de EE.UU. (Vostead Act), que prohibía por ley federal toda producción, expendio y consumo de bebidas alcohólicas, promulgada en 1919.

Los políticos y oradores abstemios estaban tan seguros de su victoria, que uno de ellos (el senador Morris Shepard) llegó a declarar que “hay tanta chance de repeler la enmienda 18, como que un picaflor vuele hasta el planeta Marte cargando el monumento de Washington en su cola”.

Para la desgracia del ex parlamentario, los primeros reclamos (provenientes de médicos que utilizaban alcohol para procedientos terapéuticos), poco a poco fue escalando entre las clases obreras, hasta el punto de armar toda una red clandestina de producción de bebidas embriagantes que se tranformarían en grandes mafias con amplias redes en el poder judicial y en la policía. Eso sin contar el enorme tráfico proveniente de territorios vecinos como Canadá, México y el Caribe. La ciudad de Chicago se convirtió en el paraíso de los traficantes, alzando a grandes figuras como Al Capone y su enemigo Bugs Moran.

Cuento corto: una matanza a principios de 1929 y la posterior crisis económica ese mismo año provocaron uan tremenda impopularidad de la prohibición, que fue abatida por la Enmienda 21, siendo este el único caso en el cual un texto de la Constitución estadounidense es anulado por otro. Pero todo el mundo se equivoca, incluso los sobrios.

Constitución moralista en Chile

El texto fue escrito en 1823 y por Juan Egaña, quien lideraba el Congreso constituyente en esos tiempos calamitosos cuando nuestra estimada aristocracia trataba de organizar una franja de tierra asolada por la guerra contra los colonizadores, llena de campesinos mestizos e indígenas violentos y borrachos, flojos y viciosos.

Con el propósito de convertir a nuestro país en la copia feliz del Edén, Egaña redactó esta carta fundamental que sería conocida luego como la “constitución moralista”, especialmente por las indicaciones señaladas en el artículo 249 del título XXII, llamado “Moralidad Nacional” (según nuestras estimaciones, excelente nombre para un nuevo partido político que irrumpa en el siglo XXI).

Este apartado incluía una serie de preceptos morales para la población, un manual para hacernos mejores personas, pero además estipulaba en al artículo 250 que el Senado llevaría una especie de registro moral de la población, premiando a aquéllos ciudadanos comprometidos con los buenos actos, con la defensa de los valores, con la patria, con los actos heroicos, formación de familia, celo y protección de los oprimidos, el empuje de la industria, defender los méritos ajenos y todo ese sinnúmero de cosas geniales que solamente podían haber pasado por la mente de un aristócrata del siglo 19 con su blanca peluca y trajes ajustados.

La constitución moralista fue ampliamente rechazada por los sectores federalistas y liberales del congreso, que lograron derogarla en 1825, sin haber sido nunca puesta en práctica.

Crédito fotos: Wikipedia.org, radiocreaciones.cl