Keep calm and carry on  
 

La compañera

@drugoespinoza

Por Manolo Rediert

En esa época no nos importaba mucho: casi siempre nos ausentábamos de las primeras clases en la mañana. Así que bebíamos en exceso en el puerto y tratábamos de recuperar fuerzas a besos largos y forzosos, como si fuera una riña de lenguas descontroladas y pequeñas mordidas, en el bus que nos llevaba esas locas madrugadas hasta su casita.

Entonces ella nos abrazaba y nos decía que nos quería mucho y se largaba a su habitación, contigua a la de mi novia, y mientras tirábamos en la bestialidad propia del alcohol, ponía mis brazos sobre los hombros de Romina, le besaba la frente y luego embestía con más empeño, y mientras su rostro jadeaba bajo mi pecho, yo acercaba mi oído a la pared, intrigado por su compañera de casa.

Yo estaba muy feliz en esos tiempos, tengo que admitir que hacía casi todo lo que se me ocurría y festejaba unas cuatro veces por semana con mi delicada polola, a quien me gustaba despertar con besos en su delgada cintura, hasta que abría los ojos y me sonreía de vuelta. Entonces la abrazaba y sentía su menudito cuerpo apretarse contra el mío, y en ese calor nos decíamos cosas lindas y sinceras.

- Les traje helado.
- Te pasaste, Caro. Tírate con nosotros – decía Romina a su compañera, quien abría las sábanas y se instalaba al lado de su amiga incondicional, su familia en esta ciudad lejana, y con su novio que en esos meses ya era parte de la casa.

Siempre pensé que había una energía misteriosa entre nosotros; por mi parte, al menos. En esa mañana sagrada en que atravesaba mi pierna sobre la cinturita de mi amada, también podía sentir el muslo poderoso de Carola, que estaba con esos hot pants y blusas ajustadas con que la pillaba en las mañanas, y podría asegurar que desde las primeras semanas que salimos con Romina, tenía esta fantasía de poder compartir la cama con su compañera, que nos acompañaba a todos lados porque estaba soltera, y que de repente la trataba de enganchar con uno de mis calientes amigos y no pasaba nada, entonces se ponía a bailar con nosotros, con su cuerpo prominente, de curvas amplias, su culito paradito y sus tetas grandes en línea recta, puta que estaba rica cuando se meneaba con mi novia, espalda con espalda, y yo las agarraba a cada una por la cintura y bajo esa pachanga frenética del puerto nos emborrachábamos hasta que nos echaban de los locales, siempre los tres para todos lados.

- A veces pienso que ella debería ser tu novia.
- ¿De qué hablas Romi?
- Que conmigo apenas conversas dos minutos y te aburres. Y luego quieres drogarte, y hablas con todo el mundo y a mí ni me das bola.

Como todas las cosas, las temporadas altivas de nuestra relación se estaban marchitando, aún en contra de nuestra voluntad, porque yo la quería tanto y ella también trataba de salvar lo poco que nos quedaba. No podemos decir que no lo intentamos, pero poco a poco nos fuimos juntando con menor frecuencia, hasta que ya era extraño que me quedara en esa casita, y hasta hubo una ocasión en que me quedé conversando con Carola toda una velada mientras Romina coqueteaba a otro bribón, a quien encaré a la salida del local, donde hubieron empujones pero nada más, él andaba con más amigos que yo, entonces mandé a los weones y a las minas a la conchesumadre y me fui con esa rabia etílica a mi casa, rompiendo algunas propagandas de las elecciones municipales en el camino.

Pasaron unos días y Romina ya no me contestaba en teléfono. Yo sentía impotencia porque dentro de todo sabía que me costaría encontrar un cariño similar al suyo, ni hablar de una cinturita así. Así que fui a la casita, con la convicción clara de conversar sinceramente, decirle lo que sentía, que yo sabía que ese imbécil estaba detrás de ella, que había visto cómo ella le perseguía, yo sólo quería saber si lo habían hecho, que habláramos sin humos, de frente, en una de esas ya todo quedaba así, probablemente, porque en realidad es mejor terminar con un abrazo –o una cachita- que tirándose mierda en la calle.

- Está en clases, ya no puede faltar más.
- ¿En cuánto llega?
- Se supone que en una hora.
- La quiero esperar.
- Bueno.

Carola se fue a su pieza, mientras yo me daba vueltas por ese palacio idílico, donde los calzones estaban tirados en los rincones, unas medias de colores en la cocina, ese disco de Calamaro que sonaba una y otra vez mientras hacíamos el amor, y de pronto sentí un vacío repentino y me puse triste, porque sabía que esa temporada dorada estaba llegando a su fin, que pronto se acababa el año, vendrían las vacaciones, cada uno a su pueblo, y el siguiente semestre habrían nuevas casas, nuevos bares, nuevos novios y seguramente otras canciones sonando en el aire.

- ¿Cómo me queda?
- Bien.
- Mmm, en realidad no me convence.
- ¿Adónde vas?
- La fiesta de un amigo, sansano.
- O sea, van a haber puros weones.
- ¿No quieres ir?
- Voy a esperarla.
- Ya debería estar acá, déjame llamarla.

Mientras discaba, se veía en el espejo largo que tenía en la puerta de su clóset. Yo estaba aburrido, pero en ese momento como que no tenía ganas de enfrentarme a la Romi, no allí, cuando su compañera se probaba esos jeans donde su potito estaba tan perfecto, juro que se podría posar un vaso allí, y se movía de un lado al otro, con esas pronunciadas caderas.

- Aló, hola amiga… sí, demás… Oye, está Manuel acá…

Entonces hubo un silencio, y mientras Carola escuchaba atentamente a su amiga por el celular, se tornó y miró hacia su cama, donde estaba tendido, y fijó sus ojos en los míos, apenas mordiendo ligeramente sus labios, sin expresión alguna, me miraba y escuchaba por el celular, y habrán sido treinta segundos, pero yo estaba mudo y sin reacción, no sabiendo qué esperar.

- Bueno, entiendo… ya flaquita, te quiero, nos vemos… chao.
- ¿Qué te decía?
- Se quedó tomando unos copetes cerca de la U y no sabe a qué hora llega.

Entonces me quedé planeando, si era conveniente esperarla, aunque tendría que hacerlo afuera, o preguntar dónde estaba exactamente e ir a buscarla, o venir mañana en la mañana…

- Date vuelta – me dijo Carola, entonces apoyé mi rostro contra sus sábanas, y mientras sentía su olor maravilloso, me imaginaba que detrás ella se estaba cambiando la blusa y los sostenes, y cuando me indicó que ya podía voltear, no quería hacerlo porque estaba sufriendo una erección terrible – ¿Cómo me queda éste? – preguntó con naturalidad, mientras yo me erguía y me colocaba a su lado, y en el espejo nos veíamos los dos, como tantas otras veces, pero esta vez sin Romina, sin nadie que nos estuviera vigilando, y ella pareció tirar su culo un poco hacia atrás, y se encontró con mi verga como un fierro.
- Estás rica, como siempre – le susurré al oído. Entonces ella se dio vuelta y me miró de frente, absolutamente seria.
- Será mejor que te vayas.

Podía hacerlo, pensaba, pero después venía la noche solitaria y oscura, la maldita tiniebla en la mente del errante nocturno, la vuelta a casa con la puta sensación de pena y frustración, recordando a ratos los momentos lindos de mi ex relación, y luego llenándome de rabia por todo lo que pasó después. Aunque en general es inevitable, y quizás estaba sucediendo en un universo paralelo, esta vez no estaba dispuesto a largarme sin una dosis de cariño.

Así que no la solté, la tenía amarrada a mis brazos y ella trataba de resistirse, diciendo que era su amiga y todo eso que yo ya no le creía, porque estaba seguro que ella nos escuchaba gemir en la otra pieza, que muchas veces se debió imaginar cómo yo follaba, que su propia room mate le debió haber dicho algo que la incomodó, que le metió esa semilla maligna en la imaginación, así que después de correr la cara varias veces mientras sentía mis besos en su cuello, finalmente abrió su boca entera y se tragó mi aliento, y en dos segundos retiramos el alisador del pelo, la ropa, los cuadernos y todas las chucherías que estaban encima de su cama y nos revolcamos en la pasión que tantas veces se había quedado estancada en nuestras cabezas.

Y mientras me colocaba el condón me dijo que en realidad la Romi llegaría muy tarde así que podía estar tranquilo, y yo me sentí mejor de no tener que enfrentarla y todos mis pensamientos rabioso se esfumaron cuando vi el potito maravilloso de su amiga, desnuda y esperando mi embestida. Sostuve sus increíbles senos por su espalda y ella agarró mi verga para colocarla en la posición correcta, entonces nos empezamos a mover en la desesperación placentera y propia de lo maldadoso, y al principio estaba medio complicado pero luego ella se lubricó por completo, tal vez dejando al lado sus dudas, y dentro de ella todo era exquisito y hasta tuve la sensación de escuchar el disco de Calamaro sonando desde el living.

Al terminar, nos dimos un largo beso y yo prendí un cigarro. Ella me dijo que se iría a la fiesta y me preguntó si yo tenía panoramas.

- No. Creo que me devuelvo. ¿Puedo usar la ducha? – ella asintió, pero me pareció extraño preguntar algo que hace algunas semanas era un asunto sumamente natural y casi como mi derecho adquirido.

Pero ahora todo estaba al revés, me decía bajo el agua tibia. Ahora estaba viviendo mi fantasía, todas esas ilusiones con las cuales me masturbaba en duchas similares, pero al precio de renunciar, qué duda había de aquello, de mis pretensiones con Romina. Ya todo lo nuestro se terminaría de vaciar por el estanque del baño, por el mismísimo culo de su amiga incondicional, y nada volvería a ser como antes. Había abandonado para siempre lo real y certero, su cuerpo delgado sosteniéndose del mío una mañana de Sol. Ya era de noche y hacía frío cuando abrí la ventana para que saliera el vapor.

Mientras me secaba escuché más voces, y entonces me apresuré, creo que no me sequé bien la espalda pero traté de salir lo más rápido posible, y cuando abrí la puerta del baño no había nadie en el pasillo y tanto la puerta de Romina como la de Carola estaban cerradas.

- ¿Llegó la Romi? – su amiga se terminaba de ajustar el peto que le resaltaba todos sus buenos atributos.
- No quiere hablar contigo. Será mejor que te vayas, ¿salimos juntos?
- ¿Llegó con alguien, cierto?

Pero ella no me contestó, se limitó a besarme fuerte y luego me tomó de la mano y salimos de la casita. Creo que prendimos un cigarro, pero debió pasar poco antes que su bus pasara, porque yo terminé apagando la colilla, y en vez de seguir esperarando en el paradero decidí que sería mejor caminar para masticar las penas y las rabias, al final de cuentas, el camino a casa es más bien solitario y oscuro.

  • Mirreul

    Buen relato

  • corono

    siempre hay una intencion de terminar los cuentos o relatos de una manera u otra, pero siempre las mismas, busquemos la preparacion para un final bello. sutil en caso de los relatos, y profundo en caso de un cuento. en este caso la imagen podria ser la colilla del cigarro, pero lo que vimos fue la repeticion del sujeto regresando a casa por un camino triste y oscuro. algo ya sugerido en el relato. una repeticion, un loop.

    • http://www.llaal.cl diego

      la vida es triste flaco, las minas se van y aunque suene repetido es la verdad no más…

      buen relato

  • http://www.twitter.com/paulberthelon @paulberthelon

    muy bueno, pese a que como dicen arriba, un final distinto puede ser mejor, Milenko tiene razón al decir que las minas se van.

    muy buen relato.

  • marcela

    buenisimo

  • Ratzinger Z

    Si es verdad. En muchas ocasiones las minas se van. Muchas veces se van por que son solo animales enjaulados anhelantes de incomprensibles libertades, o simplemente por que son crueles e infantiles. Otras veces se van por que a veces nosotros pecamos de idiotas, o bueno, el animal interior nos gana mas allá de lo que debería, y nos vamos al carajo. Entonces vamos a casa, en oscuridad y tristezas, o podemos volver a casa como nosotros queramos. Es nuestra decisión.
    Excelente relato.

  • tl;dr

    tl;dr

  • El D’carlos!

    Excelente, de los mejores. Simple como la vida misma.

  • Sofia

    Buenísimo, como dijo el de abajo, como la vida misma.
    Retrata tan natural aquella cotideaneidad tan querida de la vida del estudiante del puerto.

    Creo que lejos uno de los mejores que he leído, más que por la calidad de prosa, por la realidad y lo familiar de las palabras y la historia.

    Felicitacioness

  • Jorge.

    el puerto y su alma de absoluto placer, noches de lujuria y descontrol. Alcohol, droga, musica, sexo!!!! el paraiso del bohemio enloquecido por las luces que encandilan y emborrachan…..vivi casi 6 seis años en el puerto, hice cosas demasiadas desenfrenadas, y me quedo con la sensacion de querer mas… volvere algun dia a recordar los bailes en el proa, los sacrificios en el coyote, los grupos de amigos en las ruinas y las cañas del vienes..bellos momentos, desgastadas sabanas, hermosos recuerdos..