por Lucas Amor
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Continúa de la historia “La violación premeditada”
La soledad es como una gasolinera en medio de la carretera. Distante, con poca gente, silenciosa y en general con bastante mierda para comer. Cuando estás solo no haces grandes banquetes, cuando tiras mucho te premias con algún almuerzo grandioso una vez a la semana.
Esta semana comí dos veces decente. Con un poco de verduras, algo de tomate y sobre todo en una mesa. La degradante situación de comer con un plato acostado en tu cama, fumar entre medio y que tu madre te llame entremedio para preguntarte si te cuidas, cuando la irás a ver y sobre todo con quién pasarás el fin de semana.
Cecilia me había llamado dos veces. Íbamos a beber. Estaba en ese receso de excesos que implica una relación de mucho tiempo. Yo era como un banco y estaba cobrando los intereses que ella había acumulado con el tiempo, con la rabia, con los pocos orgasmos callejeros y con las noches apagadas de fuegos y gritos nocturnos.
Esta vez quiso cariño. Y nos abrazamos. En el mismo cerro alegre de Valpo. Con unos hippies que estaban cerca tocando tambores y me dijo “No soporto ese ruido de tambores ni tampoco a mi pololo, es como si te tocara el Papa bendiciéndote” Yo sólo reí y fue imposible no decirle “Entonces te has follado al Papa, deberían darte un premio a la constancia” y pese a la broma, me beso de una forma tierna.
Si hay hippies cerca no hay que follar. Es como comer langosta cerca de un vagabundo. O gritar capitalismo entre una multitud. Todos se acercarían a mirar de alguna forma. “Quieres estar conmigo” le pregunté y se río. Pero me dijo “Quiero conocer tu casa”.
Entramos y serví vodka con tónica. Conversamos. Su teléfono no dejaba de sonar “Es mi novio, la última vez que tiramos me intentó agarrar el pelo fuerte y golpearme un poco el culo, pero lo note tan falso, que se lo terminé tragando porque sentí que se me secaba la vagina”.
Emulé una sonrisa y le dije que se quedara “No dejaré que me pegues hoy día, de hecho no quiero nada” Luego se bebió el vodka tónica al seco y me hizo de las mejores chupadas que he tenido en la vida. Cada cierto rato me decía “métemela rico por la boca… que me la quiero tragar entera” y en último instante estallé con todo dentro suyo. Luego de gemir, vi que estaba limpio, que sólo tuve que subirme el boxer.
Fue al baño, y luego me dijo “dormiré contigo, pero me iré en la madrugada”. En ese instante supe que nos veríamos mucho tiempo. Cuando desperté a las 10 am, se había ido pero dejado un mensaje “mañana me llega la regla y siempre ando muy caliente el día antes, así que pasaré por tu casa”

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