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La primera mamada

@MrSergo

En todos los cursos hay una mina perra. Una muchachita osada que es fruto del deseo de los varones y del odio de sus compañeras. En general, esta prematura mente desquiciada es la encargada de iniciar sexualmente a gran parte de su generación…

por Ignacio Montec

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…como también de flirtear con los jóvenes mayores, pasando por una gran época de frenesí sexual ilegal, hasta que sea interrumpido por una acné mal cuidado, repentino aumento de peso o un embarazo.

- Siempre hay una weona que sabe más – me indicaba Miguel en la fiesta, apuntando a Leticia, la bitch de la clase, que se tomaba un copete rodeada de pernos califas.

Para sus tiernos 15 años, “Teticia” ya había dejado de ser una estudiante para convertirse en una maestra. Un desarrollo hormonal sin precedentes la había separado del resto de las chicas y la había ungido con un irreparable don seductivo. Según decía Miguel: “Cuando alguien se le mete en la cabeza, hay una sola manera en que se lo puede sacar…”

- No sé compadre. Igual estoy avanzando con la Carla.
- No seai aweonao, esa mina no se lo suelta ni a Jesús. ¡Hoy es tu cumpleaños y vas a recibir su wena mamada!

Mi amigo se refería a la tradición que había alzado la fama de Teticia a los cuadros de honor históricos de nuestro colegio: cada cumpleañero recibía sexo oral de la muchacha en el baño. Ya llevaba once quinceañeros, incluído Lucas “maní” García, de quien se dudaba su verdadera inclinación sexual porque en Educación Física se duchaba con boxers.

Ahora era mi turno, pero todavía no me convencía del todo. Mi mayor acercamiento sexual había sido unos besos con puros labios unos tres meses atrás, jugando a la botella. Tenía miedo de hacer algo mal, quizás de que no se me parara, o que Teticia me mordiera muy fuerte y sangrara, peor aún, que me dieran ganas de mear; en fin, miles de pensamientos oscuros entre los Manquehuitos Pop Wine que ya me tenían la cabeza reventada. Tal vez todo eso me dio ganas verdaderas de orinar.

Me encierro en el baño. Justo cuando estoy a punto de terminar mi cometido, me tocan la puerta. El susto me hizo zamarrear el miembro en todas direcciones, mojando casi todos los alrededores de la taza. “Em, eh, ¿quién es?”, pregunté.

Dejaron de tocar. Ahí estaba yo, mirándome al espejo con la misma cara de pendejo virgen y estúpido que había tenido siempre. “¿Por qué no abrí la puerta?” pensaba desilusionado, mientras me mojaba arduamente en un intento inútil por quitarme la borrachera. En eso golpean de nuevo.

Al abrir me encontré de frente con Carla, mi mojigata amiga, con los ojos todos llorosos. Entró y se sentó en la taza, sollozando y abrazando mis piernas. Yo estaba inmóvil y sorprendido, escuchando algo así como que nadie la entendía y que yo era “bueno” y que “tenía que comprenderla” aunque los demás no lo hiciesen.

Repentinamente, con la audacia que la caracterizaba, aparece Teticia, la gloriosa maestra, quien entra al sanitario y cierra con llave la puerta que había quedado solamente junta debido a mi despreocupación. Nos quedó mirando con esos ojos felinos y perversos que la caracterizaban, planeando los detalles de su siniestro esquema.

- La noche me sonríe. Mataré dos pájaritos de un tiro – dijo entrerisas, al tiempo que levantaba a Carla y le limpiaba tiernamente la cara con su mano. Le dijo algo al oído, de reojo me echaba una mirada de pies a cabeza.

- Me gustaría que te quedaras y disfrutaras del show.

Acto seguido, Teticia besa suavemente a Carla, la pasa sus dedos por su cuello y su cabello, lentamente, con la técnica de una leyenda. Las dos muchachas se encuentran ensimismadas en su acto de liberación sexual, casi omitiendo mi presencia. Sus labios no se despegaban y los besos se hacían cada vez más largos y profundos, hasta que entró en acción la lengua sagrada de la víbora, de la maestra, que sutilmente le sacaba el polerón, luego el peto, a mi tierna amiga.

Yo no sabía qué hacer. Estaba completamente excitado pero asustado a la vez. Cuando ya tenía decidido intervenir, Teticia me hace un gesto con su mano para que me detenga y mantenga distancia. Luego se aparta brevemente de Carla, para tomarme de la cintura y sacarme el cinturón, con una sola mano. “Queremos ver tu pene” dijo escueta, como si se tratase de una orden. Me bajé los pantalones mientras ambas muchachas me miraban riéndose. Entonces Teticia se sacó finalmente su polera, exponiendo sus grandiosos senos, que eran al instante lamidos con fuerza por Carla. “Disfruta del show”, me dijo de nuevo, y yo solamente atinaba a masturbarme frente a ellas, completamente estupefacto, en los 30 segundos más maravillosos de mi puta vida, hasta que comencé a sentir que me iba. Entonces Teticia me dijo que aguardara: se agachó y comenzó a chuparme con fuerza para que pudiera acabar.

- Feliz cumpleaños – dijo la perra –. Ya puedes retirarte.

Salí del baño con premura, para darme cuenta de que todo nuestro curso estaba pendiente de lo que sucedía. Mis amigos se reían a carcajadas, ofreciéndome más vino juvenil barato para paliar la vengüenza. O el orgullo, no sé. Al final de cuentas, todos debían iniciarse con la maestra: estaba escrito en los camarines del colegio.

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  • hef

    envíenle esto a nicolas lopez, quizas la encuetre buena y haga otra basura.
    q historia mas mala….

  • Nosoyperra

    Hef ql callate de una vez! Si no te gusta la wea no la leas.

    A mi me gustó la historia, pero no creai que las más maracas son las que más saben…

  • jjjj

    seguimos bajando historias de internet??? el dia que una cabra chica de 15 años diga “la noche me sonríe”… no se po, por ultimo cambia la frase por otra mas chilensis pa que la cuestion parezca original…

    “si no te gusta la wea no la leas”: tipica respuesta de weones pencas q se creyeron el cuento xq sus amigos les celebran las “genialidades” q escriben…

  • Matias Alvarez

    Buena Historia que te hace imaginar o calientarte jajaja

  • JP

    Gi Gante!