La violación premeditada
@lucas_amorpor Lucas Amor
Realmente una historia increíble sobre los deseos ocultos de una señorita.
Por favor, lo invitamos a leer esta historia llena de calentura.
por Lucas Amor
El amor es como un camarote. Cuando estás arriba tienes miedo de caer y cuando estás abajo sientes que el peso del mundo y del resto de mujeres te va a derrumbar. Aunque cuando estás abajo tienes las manos libres y puedes tocar desde las tetas hasta el culo.
Hace mucho que no escribía. Muchas historias que se escuchan rancias, finalmente sólo esconden el vacío de un domingo por la tarde y una página blanca. Es por ello, que hay que alejarse. Beber un poco más en casa, mirar algo de porno y fantasear con seres imaginarios y erecciones de días, gemidos interminables de las nubes que pasan por arriba de tu casa.
A Cecilia le gustaba que se le viera el calzón con los jeans, eso recuerdo. Así nos conocimos y así se fue esa noche, dejándome el calzón rojo “Total jamás los vuelvo a ocupar y te sirve para masturbarte por la mañana cuando no esté” me había dicho. Y en realidad tenía razón. Esa noche me había quedado tan borracho que jamás logré una erección decente y me quedé dormido. Ella se fue. Yo desperté. Y recordé su grandioso culo y me la corrí apenas vi su calzón maravilloso.
No la volví a ver hasta ayer. Descubrimos que vivíamos a dos cuadras de distancia cerca de esa plaza en Valpo. Yo salí a comprar más tarde al supermercado y ella había salido tarde de la clínica. Estudiaba medicina. Me invitó a su casa a beber un café “Jamás nos volvimos a ver desde ese día” a lo que dije “aún tengo tu ropa interior, aunque me he masturbado mucho mirando eso” ella río.
Su departamento era grandioso, muchas velas, una habitación gigante y algo de vodka tónica, cuando quise besarla, me dijo “Ahora ándate Lucas, que mi novio va a llegar…”. Salí de su casa.
Diez minutos nos separaban y jamás nos habíamos vuelto a ver. Entré a mi habitación y decidí ver una película, luego otra y luego me decidí a escribir un poco, cuando me llamó por teléfono. “¿Podemos vernos Lucas? Pero no en tu casa, no quiero que se mal entienda”
Nos juntamos en la esquina de mi casa. Fuimos al cerro. Ella traía la botella de vodka y bebimos un poco. “Mi novio me trata como una princesa, como la mujer más bella. Sé que jamás me ha engañado. Soy como una muñeca de porcelana para él” Yo escuchaba y asentía. “Pero Lucas, a veces uno no quiere que la traten así por siempre. Aquella noche que te quedaste dormido de borracho, me enojé un poco por haberlo engañado contigo. Te quedaste dormido mientras te la chupaba maldito” y río.
“No lo veas como algo malo, un bastardo como yo en general hace ese tipo de cosas estúpidas en momentos de intimidad”. Ella bebió un trago y miramos la bahía de Valpo. “Me gusta que me traten mal, mi novio me toca tan suave que no siento sus caricias, a veces sueño con que alguien me viole en el sueño, despertarme mientras me tiran el pelo y me lo meten fuerte, que me giran e incluso que me tiren por el culo”.
Me quedé en silencio. Por un momento pensé en tomarla de la cintura, darla vuelta y tirármela, pero sentí un instinto profundo en su confesión en aquel pasaje semi oscuro de un cerro de Valpo.
Siguió hablando. Sus calzones no sobresalían por sus jeans. Seguimos bebiendo y me dijo “Por favor, tírame el pelo y has que me violas acá mismo”. La tomé fuerte y la giré. Le tiré el pelo como me había dicho y le agarré las tetas muy fuerte. Luego le bajé los jeans y entre la calentura hice algo que jamás había hecho. La di vuelta y le pegue una cachetada en la boca y le dije “te voy a violar aunque no quieras, te la voy a meter y me la vas a chupar”. Ella obedeció y me la chupó. La hice subir y luego se la metí mientras ella gritaba y gemía. La alejé, la golpeé en el culo fuerte y se la metí por atrás. Gritó y dijo que le dolía, que parara, pero seguí hasta irme, en el mejor orgasmo de mi vida.
Nos quedamos en silencio. Se limpió y me dijo “Me hiciste irme tan rico, que casi olvido como me llamo… eres un bastardo” nos bebimos lo que quedaba de vodka. Le propuse que me la chupara antes de irse, pero se negó “Tienes mi ropa interior, mastúrbate con eso”. Y se fue.
“Nos vemos”, dijo a lo lejos. Y a esa hora ya estaban cerradas las botillerías. Aquella noche dormí como nunca. A los dos días volví a recibir su llamada.

Pingback: Doctor Sexualidad vol. 3: Consejos para una vida caliente y saludable « « Revista El Fracaso Revista El Fracaso
Pingback: La follada con el Papa « « Revista El Fracaso