el chiste que jamás hizo reír a tu suegro  
 

Ley Hinzpeter: Nos siguen cagando por debajo

 por David Ortiz

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Existimos en muchas dimensiones. ¿Esoterismo? ¿Misticismo? ¿Planos astrales? No necesariamente. Me refiero a que en la vida son muchas las dimensiones en las que nos toca actuar, ya sea en la familiar, la social, la política, la sexual, la educativa, la sexual, la mística, la sexual o la dimensión sexy sexual.

En cualquiera de estas procuramos actuar deliberativamente de acuerdo a nuestros principios, experiencias de vida y convicciones. Estamos en presencia de un fenómeno humano llamado “libertad”.

Ser “humanos” es un ejercicio de constante libertad y búsqueda de ella, sin que podamos tener claras certezas de cuando somos realmente libres. Sin embargo, creo que podemos percibir cuando en alguna de esas dimensiones nos roban los pedacitos de esa ilusión humana que llamamos Libertad. FREEEDOOOM! Como diría Zack de la Rocha.

Y cuando nos hablan de que esta es una democracia y una República, debería ponerse en el centro de la reflexión el permitirnos ser libres y funcionar a escala humana. PERO MENTIRA. Eso es un ideal que lejos de ser tangible se nos aleja cada vez más y el principal responsable es la clase dominante de Chile, esa casta que cree que fue elegida por los dioses para llevar por el “buen camino” a nosotros, los mediocres y fracasados que no sabemos nada. 

Vivimos en una democracia restringida, o “protegida” como le gusta decir a los ideólogos del brazo político del conservadurismo chileno (UDI-RN- Y muchos escondidos en otros partidos, léase más hacia la izquierda). Es decir vivimos en un sistema político diseñado para mantenerse, ojalá, lo más intacto posible, en un librito llamado Constitución donde la libertad en la sociedad es poder comprar en el mercado lo que esté a tu alcance (o pagado en 54 cuotas).

Con esta dinámica (o movimiento lokillo) podemos entender cuál es la dimensión que se busca exacerbar en nuestro modelo de “desarrollo” a la chilena: la del consumidor. Por ello es que se da tanto auge a instituciones como el SERNAC, por eso es que surgen agrupaciones que defienden el derecho de los consumidores y personas como José Roa (ex director del SERNAC), Peribonio (el actual) o Pablo Longueria (Big Boss Sernac) le caen bien a la gente, porque los defiende.

Ley Hinzpeter o el truco del orden público

¿Y que cae de perillas acá? la Ley Hinzpeter, que sólo sirve para amputar nuestra dimensión de seres públicosa, esa de hacernos parte de la política a la mala cuando las cosas justamente andan mal. Restringen el espacio de lo público al mínimo. Por eso son capaces de decir públicamente aberraciones como “la educación es un bien de consumo”, siendo que es un derecho fundamental. Te cambian derechos por compra-venta.

Si la gente sale a la calles es porque la representatividad en el estado es tan “representativa” como lo es Von Baer de la mujer chilena y Pablo Zalaquett del roto chileno.

La ley Hinzpeter deja en evidencia que no hay voluntad de corregir lo que está mal, sino que tan solo se busca tapar el descontento con un manto de gas lacrimógeno jurídico y dejarnos aún más amputados en nuestra dimensión de ciudadanos. Quieren matar a los que hacen política (que quieren cambiar la sociedad) y reconvertirlos en meros zombies consumidores que se comen los cerebros de los que quieren hacer cambios y defender cosas como la “justicia” o la “libertad”.

Podemos entender que el estado de derecho no es más que una quimera que sirve para conservar el poder en sí mismo, la democracia liberal vive de eso. De que se deposite “confianza” en un sistema legal “que funciona”, es como el sistema bancario que “funciona” siempre que haya “confianza” en él.

Si todos queremos buscar justicia en el estado de derecho, nos damos cuenta que no hay para todos. Cuando en Argentina la gente trató de sacar sus ahorros el gobierno hizo el corralito (restringió el dinero que se podía sacar), tal parece que ahora que se busca justicia en Chile el gobierno hace un corralito político-policial-judicial.